sábado, 1 de noviembre de 2014

Día cincuenta y cuatro sin él.

"¡Me he follado a Axl Rose!"
Sonríes, y yo me pierdo en esa sonrisa. En tus besos de miniatura. En tus roces, cuando me sujetas en el bus.
Me pierdo cuando me lanzas una mirada dentro de un grupo de gente y tus rasgos se suavizan. 
"Oye, ¡qué es mi novia!" 
La vida se congela en lágrimas de incredulidad y esperanza.
Me pierdo otra vez. Sin remedio. Y sin sentirlo. Pero sintiéndote tan dentro que parece que mis tejidos están hechos de ti.
Y después en tu casa... Besos.Abrazos. Suave, pero tan demoledor como un terremoto.
Palabras mudas y de repente, ahí está. "Te quiero". Dos palabras de mierda. El primo feo de aquello a lo que aspiro. Y sin embargo, mi existencia boca abajo. O con su boca en mi abajo. O en el tuyo. Yo qué sé. Lo que sí sé es que en ese momento me has hecho llorar de felicidad. Con dos palabras. Con tus labios. Con tus brazos a mi alrededor. Dímelo siempre. 
"No te vayas. No, porfi, porfi, porfi, ¡quédate!".
Y meterme en líos grandes, enormes, renunciando al mundo al otro lado de la puerta por el universo debajo de tus sábanas. Contigo. Y sentir que gano más que un monje budista alcanzando el nirvana. Y que todo me importe una puta mierda, mientras sonríes victorioso porque no me he puesto los tacones.
Porque sonríes.
No bajas la guardia. Nunca. Pero el frío se retrae, a pasitos de guisante. Y entonces:
"Así. Para siempre"
¿Sólo para siempre..?

Vuelve, y verás cómo la eternidad se te pasa en un parpadeo.

Pero vuelve.

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